La rentabilidad mide si un negocio gana dinero en términos contables, pero la liquidez mide si ese dinero está disponible cuando se necesita. Una empresa puede ser rentable y, aun así, no tener efectivo suficiente para pagar nómina, proveedores o impuestos.
Este problema suele aparecer cuando las ventas se realizan a crédito. El ingreso se registra contablemente, pero el efectivo tarda semanas o meses en llegar. Mientras tanto, la empresa debe cubrir gastos inmediatos. Si no existe una planeación adecuada del flujo de efectivo, la operación se vuelve frágil.
Otro factor es la inversión excesiva en activos o inventarios. Comprar más de lo necesario puede inmovilizar recursos que deberían destinarse a la operación diaria. En estos casos, la empresa “tiene dinero”, pero no puede usarlo.
La liquidez permite reaccionar ante imprevistos, aprovechar oportunidades y sostener la operación en momentos de presión. Por eso, empresas financieramente sanas priorizan el flujo de efectivo sobre la utilidad contable, especialmente en etapas de crecimiento.
La rentabilidad es importante, pero la liquidez es vital. Un negocio sin liquidez no puede operar, aunque sea rentable. Priorizar el flujo de efectivo es una decisión estratégica que protege la estabilidad empresaria
