No todas las deudas son iguales. Algunas tienen tasas bajas, plazos largos y un impacto controlado en el flujo mensual. Otras son caras, de corto plazo y altamente riesgosas. Tratar todas de la misma forma puede ser un error.
Pagar una deuda rápidamente puede significar usar ahorros que deberían destinarse a un fondo de emergencia. Si ocurre un imprevisto, la persona se verá obligada a endeudarse nuevamente, muchas veces en peores condiciones.
Además, destinar todo el capital disponible a liquidar deudas puede impedir invertir o aprovechar oportunidades que generen mayor valor financiero que el ahorro en intereses.
La clave está en priorizar: pagar primero las deudas más costosas, mantener liquidez suficiente y evaluar el costo de oportunidad antes de liquidar cualquier compromiso.
Reducir deudas es importante, pero hacerlo con estrategia es fundamental. La estabilidad financiera se logra equilibrando pagos, liquidez y oportunidades de crecimiento.
